Hay que tener cuidado. Es importante viajar, pasarlo bien, disfrutar y si es en una ciudad como Las Vegas mucho mejor. El problema es que no se nos puede ir de la manos como le pasó a un grupo de amigos que, disfrutando de todo lo que rodea a las WSOP® 2013, perdieron el control y la “fiesta” terminaba en el calabozo. Entre ellos había un blogger reconocido y sus primeras reflexiones tras el altercado no tienen desperdicio.

El mismo se daba cuenta que su actividad en los últimos días había sido bastante nula. Y no se crean que ha tratado de poner alguna excusa. El alcohol y los excesos fueron las razones esgrimidas para su baja producción de artículos e introspecciones.

El caso es que tras días de jugar todo lo jugable y noches de desenfreno, recordar los resultados de sus amigos era algo fácil, pero lo que venía después se perdía en una enorme laguna. Así se presentaron en el día de los hechos, con mucha noche por delante y poca memoria. Por no recordar, parece que no recordaban ni el país en el que estaban; por qué es mundialmente conocido que EE. UU. no es el sitio adecuado para pasarse de la raya.

Así que no contentos con “liarla en los casinos”, ellos fueron algunos de los culpables de que varios jugadores se quejaran a la organización por los ruidos, no dudaron en trasladar la fiesta directamente a la calle. El salón Gilley’s era su destino, pero antes prefirieron hacer una parada en una de las fuentes del Mirage. El lío estaba montado.

El baño parecía una gran idea, hasta que aparecieron las luces de colores y las sirenas de la policía. No hacía falta que fuese el C.S.I quién encontrase a los bañistas. Dos tíos empapados, uno de ellos sin un zapato, era una pista lo suficientemente concluyente como para reconocer a los culpables. Para más “inri”, su carrera tratando de escapar no fue la mejor idea.

Terminaba una noche más en Las Vegas, pero lo hacía con un placaje digno de mismísimo Jonah Lomu y un exceso de gas pimienta. 45 minutos después del chapuzón y de las carreras estériles, salían de la comisaría con una amonestación por “escándalo público”.

Hay que disfutar, pero también tener cuidado. Aunque, si un amigo tuyo acaba de ganar un brazalete en uno de los torneos más importantes del mundo, ¿que más da que te rocíen con un poco de gas pimienta? Sarna con gusto no pica.

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