El infierno húngaro de Juan Manuel Pastor

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El poker es un juego complicado y uno nunca las tiene todas consigo. Siempre ocurre algún imprevisto, alguna sorpresa con la que no se contaba, pero cuando tu mayor enemigo es la falta de sentido común y la ausencia de reglas o la aplicación parcial de las mismas, hay poco que se pueda hacer.

Esto es lo que le ocurrió a Juan Manuel Pastor en un torneo que difícilmente olvidará. Por lo menos, ahora cuando caiga eliminado siempre podrá pensar “Podría haber sido peor”.

Así relató Pastor sus vivencias en el Blog de PokerStars:

“Tengo una historia para compartir, algo que se podría denominar una historia kafkiana de poker. Sucedió en Budapest, Hungría, que supongo que es apropiado, ya que Franz Kafka era de Europa central (República Checa).

Esto sucedió hace unos cinco años. Yo estaba jugando un torneo y aunque no puedo recordar el nombre concreto del casino, sé que no era aquel en el que se jugó el EPT de Budapest hace unos años.

Fue el torneo más extraño que he jugado. El primer signo de que las cosas eran un poco extrañas fue ver a toda la gente revoloteando en torno a la mesa para fumar. No se podía fumar estando sentado a la mesa, pero lo único que tenían que hacer era levantarse de la silla y ya podían hacerlo. No se les retiraban las cartas y podían seguir jugando sus manos. Simplemente, mientras estuviesen de pie podían fumar.

Está bien, pensé. Es un poco extraño tener algo parecido a una regla que en realidad no es una regla, pero el torneo siguió adelante.

Entonces llegó una mano en la que un jugador había foldeado en el flop, pero quería ver lo que iba a salir en el turn y en el river. Esto no se suele permitir en ningún lado, pero aquí se lo permitieron. Luego sucedió otra vez y otra vez y una vez más. Pronto quedó claro que esto iba a suceder en cada mano y el ritmo bajó hasta el punto de jugar sólo 12 manos por hora.

Una vez más, pensé que era un poco extraño, pero aún así se siguió jugando.

Luego se jugó una mano en la había envueltos dos jugadores con un As en el flop. Vi cómo uno de los ellos mostraba una de sus cartas a su oponente, un As, y a continuación apostaba. «Tú eres mi amigo», le dijo mienras hacía la apuesta. «Foldea tu mano», añadió.

«¿Qué está pasando?» Me pregunté mientras miraba cómo el otro jugador foldeaba su mano. Me di cuenta de que este torneo era realmente extraño.

Luego se hizo todavía más raro. Llegó una mano en la que un jugador apostó y otro subió all in. A continuación, el apostador original mostró su mano, dos Ases, y foldeó. Ya había visto suficiente. «Por favor, llame al director de torneo», le dije al crupier, y el director de torneo vino.

Le expliqué lo que había pasado y el director de torneo dijo: «Es una decisión personal». «¿Qué?», dije yo. «Pero si tenía dos ases y foldeo antes del flop. ¿Cómo puede eso estar bien?» «Foldear cualquier mano es una decisión personal», repitió el director del torneo y luego se alejó.

¿Estás empezando a comprender por qué avisé de que era una historia kafkiana?

Empecé a pensar que iba a ser imposible para mí ganar este torneo y de hecho, probablemente lo mejor que me podría haber pasado hubiese sido caer eliminado lo antes posible. Eso es precisamente lo me ocurrió poco después.

Llegó una mano en la que yo había ido all in con As-Rey y me enfrentaba a un rival que tenía pareja de Damas. En el flop cayó un As, una de las cartas que necesitaba, y pensé que me iba a doblar.

Entonces, otro jugador tomó la palabra. «Hay que repetir», le dijo al crupier, por la forma en que había sacado las cartas comunitarias. Explicó que había visto de refilón una de las cartas durante el reparto (yo creí que se refería a una de las cartas quemadas) por lo que el flop, el turn y el river tendrían que ser repartidos de nuevo.

El director de torneo se acercó y no es muy difícil averiguar lo que decidió. Dijo que repartiesen las cartas comunitarias otra vez. ¿Se puede ser más absurdo?

Las cartas comunitarias volvieron a repartirse y perdí. Yo estaba desquiciado, pero no había nada que pudiese hacer. Les dije que nunca volvería a jugar en ese casino y ya está.

El poker puede ser un juego difícil a veces, pero siempre voy a recordar que en ese casino de Budapest lleno de humo era sencillamente imposible”.

Si quieres jugar al poker sin tener que encontrarte con disparates como los que le tocó vivir a Juan Manuel Pastor en Budapest, puedes hacerlo en PokerStars.es

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